1-      Tragar a la vez que se respira. Es una técnica perfeccionada con los años y que puede suceder en cualquier momento y sin previo aviso. No es necesario ni siquiera estar bebiendo. Basta con ir andando y ya. Sucede. Paras y te mueres.

2-      Olvidarte de respirar. Suele pasar por la noche, te echas a dormir tranquilamente y ya está, te olvidas de respirar. Es sencillo.

3-      Zancadilla mortal. Disponer de extremidades exageradamente largas puede ser interesante, pero es una trampa mortal cuando no se tiene absoluto control de ellas. Si perteneces a esta especie, el aquaplaning en el asfalto es un deporte de riesgo.

Por ahora estos son los peligros a los que te puedes enfrentar sencillamente estando contigo.

(Ilustración: VidaFrida)

Amalia esperaba en el andén. Miraba la franja amarilla que jamás hay que pisar. Recordó el temor que sentía de pequeña y el respeto que le producía. Aún así siempre la pisaba en señal de rebeldía. Ahora de adulta ni le llamaba la atención, siempre iba chateando por el móvil. Mientras pensaba esto, clavó la mirada en la famosa franja al borde del andén. Se fijó en unos zapatitos de purpurina. Subió la mirada recorriendo la silueta de la mujer buscando más información. Cuando de pronto, reconoció a una vieja amiga absorta mirando las vías del tren…

-          Elvira!

La propietaria de los zapatos giró la cabeza.

-          Amalia…

El tren llegó.

-          Amalia, acabas de salvarme la vida.

(Ilustración: VidaFrida)
8:00 AM
-          Vengo a leer el agua.
-          Claro. Está ahí en el baño.
-          Vale, ¿dónde dices que está?
(Baño de 1 metro cuadrado)
-          Pues ahí, ese contador que casi te come.
-          Muy bien. Este contador está roto.
-          ¿Cómo? ¿En serio?
-          Sí, marca lo mismo que la última vez. Mandaré a alguien para que lo cambie.
-          Voy a mirarlo.
-          Esto, a ver. Que este es mi trabajo sabré yo si está roto.
-          Esto a ver, es mi casa, es mi contador  y hago lo que me sale del moño.
-          Ah, vale, bueno pues nada. Ya vendrá alguien.
-          Perfect. Ciau.

Y esto es lo que pasa cuando alguien entra de buena mañana en tu casa,
sin dar los buenos días.

(Ilustración: VidaFrida)
La aldea Vikinga
Ay Pepe, creo que el que la otra noche nos cruzásemos y mantuviésemos una mini conversación cada uno a un lado de la acera, como si esta ciudad cosmopolita y glamurosa fuese una aldea vikinga, me desconcierta.
Lo mejor fueron los dos besos como dos ensaimadas que me plantaste sin mediar palabra al cruzarnos dentro del club, llamémosle ahora taberna.
Desde entonces mientras devoro caramelitos PEZ como si fuese un hámster creo que la única salvación a lo nuestro sería quedar atrapados en el ascensor del edificio España. O que coincidamos en una cena de muy pocos comensales y nos sienten juntos con tres botellas de vino tinto. 
Los dos en un vagón de metro atascado en un túnel.
Comenzamos a necesitar algo drástico. No sé qué opinas tú de todo esto, Pepe.

(Ilustración: VidaFrida)
Mi primer novio, novio, con el que me fui a vivir, me enseñó muchas cosas. Lo que era una agenda. Hacer la lista de la compra. Llevar un cuaderno con la economía. Sacarme el carnet de coche, porque yo ya con el de moto era una mujer plenamente feliz, pero me dijo que con el de coche sería plenamente feliz y encima tendría más posibilidades de trabajo.
El caso, es que en su infinita sabiduría y experiencia, un día colgó una pizarrita Velleda en la cocina y me dijo que apuntase todo lo que fuese necesitando. Yo de verdad ahora que me leo no sé qué tipo de vida salvaje y encaminada a la perdición llevaba antes de conocerle.
Así que según me inspiraba iba apuntando las necesidades en la pizarra. Un día llegó a casa y vio mis anotaciones.

-           Desayuno
-          Patatas
-          Tampax
-          100.000 pesetas
-          Naranjas de zumo
-          Mistol
-          Suavizante suave

(Ilustración: VidaFrida)